Los que decidimos hoy, ¿estamos preparados para los que vienen?

rominaborrani.com

Tienen entre 10 y 12 años. Compran en Mercado Libre desde el celular, rastrean el envío en tiempo real y reclaman si algo no llegó como esperaban. Piden comida por una app, comparan precios entre opciones y preguntan por qué el delivery cuesta más los fines de semana. Quieren entender cómo funciona el dinero, la inflación, por qué algunas cosas suben de precio y otras no.

No los empujó ningún adulto a hacer esas preguntas. Las hacen solos, porque el mundo en el que crecieron las hace inevitables.

Son Gen Alpha. Y la mayoría de los sistemas que existen para recibirlos —el educativo, el corporativo, el familiar— todavía no terminó de entender qué hacer con ellos.

Hay una conversación que escucho cada vez más seguido en salas de directorio, en reuniones de liderazgo, en pasillos de organizaciones de todo tipo. Aparece disfrazada de distintas formas, pero en el fondo siempre dice lo mismo: “esta generación es incomprensible.”

Lo dicen docentes que llevan décadas en el aula. Lo dicen CEOs que construyeron empresas exitosas. Lo dicen padres que no entienden cómo sus hijos aprenden, qué los motiva, por qué no reaccionan como ellos reaccionaban a su edad.

Y lo dicen, casi siempre, con una mezcla de frustración genuina y una incomodidad que pocos se animan a nombrar: la sensación de que algo cambió tan profundamente que las herramientas que siempre funcionaron ya no alcanzan.

Tienen razón. Algo cambió. Pero el problema no es la generación. El problema somos nosotros, los que decidimos, y la velocidad a la que estamos dispuestos a cuestionarnos.


No vivimos lo mismo que ellos. Y eso importa más de lo que creemos.

Los que hoy ocupamos posiciones de liderazgo —en empresas, en aulas, en familias— aprendimos en un mundo donde la información era escasa y acceder a ella era un mérito. Donde la autoridad se respetaba por el cargo, no por la coherencia. Donde el esfuerzo lineal —estudiar, titularse, trabajar, ascender— tenía sentido porque el sistema lo recompensaba.

Gen Alpha creció en el polo opuesto. Tienen acceso instantáneo a cualquier información. Cuestionan la autoridad que no se justifica. Y están llegando a la adultez en un mundo donde esa trayectoria lineal que nosotros seguimos ya no garantiza nada.

No es que tengan menos valores. Es que tienen valores construidos en un contexto radicalmente diferente al nuestro. Y si confundimos diferencia con déficit, vamos a tomar decisiones equivocadas — como docentes, como líderes, como adultos de referencia.


La brecha no es tecnológica. Es de experiencia vivida.

Cuando un chico de Gen Alpha usa IA para resolver una tarea, el adulto promedio lo lee como atajo, como trampa, como falta de esfuerzo. Pero ese chico está haciendo exactamente lo que haría cualquier profesional competente: usar la mejor herramienta disponible para resolver un problema.

La diferencia es que nosotros aprendimos que el valor estaba en el proceso de buscar. Ellos aprendieron que el valor está en qué hacés con lo que encontrás.

Ninguna de las dos lecturas es completamente equivocada. Pero solo una de las dos va a ser relevante en el mundo que se viene. Y los que tomamos decisiones hoy —sobre qué se enseña, cómo se evalúa, qué se valora en una organización— tenemos la responsabilidad de entender eso antes de juzgarlo.

No podemos prepararlos para un futuro que no entendemos con herramientas de un pasado que ya se fue.


Lo que les estamos pidiendo versus lo que el mundo les va a pedir

Hoy el sistema —educativo y corporativo— le pide a esta generación que se adapte a estructuras que nosotros diseñamos. Que aprenda a nuestra manera. Que demuestre valor según nuestros indicadores. Que tenga paciencia con procesos que a ellos les resultan lentos, opacos e injustificados.

El mundo, en cambio, les va a pedir algo completamente distinto: que naveguen la incertidumbre sin manual, que lideren sin certezas, que colaboren en estructuras líquidas, que se reinventen varias veces en una misma carrera.

Hay una brecha enorme entre lo que les pedimos hoy y lo que van a necesitar mañana. Y esa brecha la estamos construyendo nosotros, con cada decisión que tomamos desde la comodidad de lo que ya conocemos.


Nuestra responsabilidad concreta

No se trata de rendirse ante cada preferencia generacional ni de abandonar todo lo que sabemos. Se trata de algo más difícil: discernir qué de lo que aprendimos sigue siendo válido y transferible, y qué es simplemente la forma en que las cosas se hacían cuando nosotros crecimos.

Como docentes: el conocimiento que tenemos sigue siendo valioso. Lo que necesita cambiar es cómo lo transmitimos y para qué. Memorizar ya no es el objetivo. Pensar, conectar, aplicar — eso es lo que una IA no puede hacer por ellos, y lo que nosotros tenemos que aprender a provocar.

Como líderes de organizaciones: las empresas que ganen la próxima década no serán las que logren que Gen Alpha se adapte a su cultura. Serán las que hayan construido culturas capaces de integrar formas de pensar y trabajar que hoy nos resultan incómodas. Eso no es debilidad organizacional. Es inteligencia estratégica.

Como adultos de referencia: esta generación no necesita que la protejamos de la complejidad del mundo. Necesita que la acompañemos a desarrollar criterio propio para navegarla. Hay una diferencia enorme entre darles respuestas y enseñarles a construirlas. La segunda opción es más difícil. Y es la única que funciona.


Mi convicción

Los que decidimos hoy tenemos una ventaja que fácilmente se convierte en obstáculo: la experiencia. Sabemos cómo funcionan los sistemas, cómo se construyen organizaciones, cómo se lidera gente. Pero esa experiencia fue acumulada en un mundo que ya no es el de ellos.

La pregunta no es si Gen Alpha está preparada para el mundo que viene. Ellos van a estar. La pregunta es si nosotros estamos preparados para acompañarlos sin imponerles un mapa que ya no corresponde al territorio.

Prepararse no significa entender cada referencia cultural, cada herramienta, cada comportamiento que no reconocemos. Significa tener la humildad de aceptar que liderar esta generación requiere aprender cosas que nadie nos enseñó, y la valentía de hacerlo igual.

Desde adentro del sistema, eso no es opcional. Es la única forma de ser relevantes para los que vienen.


Romina Borrani — COO | Directora Ejecutiva | Transformación Operativa & Crecimiento | LATAM

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