Capítulo 2 de la serie
Hay una pregunta que muy pocos profesionales se hacen mientras trabajan:
¿Cómo me está viendo mi jefe en este momento?
No al final del año, cuando llega la evaluación. No cuando piden el ascenso. En este momento. Hoy. Con las decisiones que están tomando, los problemas que están resolviendo, la forma en que están comunicando sus resultados.
La mayoría espera esa conversación anual para descubrir cómo los perciben. Y para entonces, la percepción ya lleva meses formada.
Yo aprendí esto temprano. Y cambió todo.
Ver con los ojos del jefe antes de tener ese rol
Desde el principio de mi carrera desarrollé un hábito que en ese momento no sabía nombrar pero que con el tiempo entendí como uno de los factores más determinantes de mi crecimiento.
Mi madre me lo enseñó sin saberlo. Me transmitió algo que tardé años en reconocer como una ventaja real: la capacidad de verme desde afuera. De anticipar cómo me percibían los demás antes de que me lo dijeran. De esa enseñanza nació en mí una autoexigencia que con el tiempo se convirtió en hábito y en herramienta.
No como una forma de buscar aprobación. Sino como un ejercicio de perspectiva estratégica.
Cuando tomaba una decisión, me preguntaba: ¿esto comunica lo que necesito comunicar hacia arriba? Cuando resolvía un problema, me preguntaba: ¿esto es visible o solo lo sé yo? Cuando afrontaba algo difícil, me preguntaba: ¿mi jefe sabe lo que implicó esto?
Esa práctica me obligó a desarrollar algo que la mayoría construye mucho más tarde: la visión del rol que todavía no tenía.
Cuando empezás a pensar como el nivel que querés alcanzar, empezás a actuar como ese nivel. Y cuando actuás como ese nivel, ascenderte se convierte en una confirmación, no en un riesgo.
Hacer bien no alcanza. Tiene que ser evidente.
El segundo aprendizaje fue más incómodo de aceptar.
Durante mucho tiempo creí que hacer bien el trabajo era suficiente. Que los resultados hablaban solos. Que si era rigurosa, comprometida y efectiva, eso se vería.
Y en parte se veía. Pero no siempre. Y no siempre de la forma correcta.
Lo que aprendí es que la percepción no se construye sola. Se construye activamente.
Tu jefe tiene diez problemas encima del tuyo. No está mirando en detalle todo lo que hacés. Está viendo fragmentos, señales, momentos. Y con esos fragmentos construye una imagen de vos.
La pregunta no es solo “¿estoy haciendo bien mi trabajo?” La pregunta es “¿lo que estoy haciendo bien está siendo visto?”
Eso no es política. Es comunicación estratégica. Y es una responsabilidad tuya, no de tu jefe.
El error que me hubiera ahorrado mucho
Hay algo que aprendí más tarde de lo que me hubiera gustado.
Durante años vi a mi jefe principalmente como quien me evaluaba. Eso me hizo muy rigurosa con los resultados y muy cuidadosa con lo que mostraba. Pero también me hizo cargar sola con momentos que no tenían por qué ser tan pesados.
Lo que entendí después es que el jefe también puede ser un aliado.
No en el sentido ingenuo de que siempre va a estar de tu lado. Sino en el sentido estratégico: si tu jefe entiende el contexto en el que operás, los obstáculos que estás navegando, las decisiones difíciles que estás tomando, puede ser un factor a tu favor en conversaciones donde no estás presente.
Hay momentos en una carrera que son bisagra. Momentos donde afrontás algo que nadie más ve, que define tu capacidad real de liderazgo. Si tu jefe no sabe que eso pasó, ese momento no existe para tu carrera.
Hacerlo visible no es quejarse. Es darle contexto a quien toma decisiones sobre vos.
Lo que podés empezar a hacer hoy
Tres preguntas para hacerte esta semana:
¿Cómo me está describiendo mi jefe cuando habla de mí en una reunión donde no estoy? No lo sabés con certeza. Pero podés trabajar activamente para construir esa narrativa.
¿Los resultados más importantes que logré este mes son visibles para quien decide? Si la respuesta es “creo que sí”, probablemente no lo son. La visibilidad requiere acción deliberada.
¿Mi jefe conoce los obstáculos reales que estoy navegando? No para excusarte. Para que tenga el contexto completo de lo que estás logrando a pesar de eso.
La percepción que tiene de vos la persona que te evalúa no es un dato fijo. Es algo que se construye, se comunica y se gestiona.
Y esa gestión empieza mucho antes de la conversación de fin de año.
Este es el Capítulo 2 de una serie de seis sobre cómo leer el juego en cada etapa de tu carrera corporativa.
Capítulo 1: El error silencioso que frena a los profesionales más talentosos






